sábado, julio 28, 2007

TE ADMIRO Y LUEGO SIENTO


TE ADMIRO Y LUEGO SIENTO


Pequeño y gran aventurero,
Tú, el chico moreno viajero,
Con esa boca provocativa, deliciosa,
Quien te bese no sale airosa

Viéndote esos ojos chinos
Quisiera perderme en su inmensidad
Y en lo profundo de tu mirada
Jurarte lealtad

Lealtad de admirarte,
Lealtad de besarte,
De decirte al oído:
¿Oye quieres ser mi amante?

Y me dilapido en tus brazos…
¿Será que me aprestas fuerte contra tu pecho?
Es que te digo moreno, estoy que me quemo,
Este fuego intenso que llevo por dentro.

Y ese abdomen de hierro
En el que quisiera anidar
Lo mas dulces besos
Y lamidas que hay por dar

Acariciarte el pecho y hacer nudos de placer
Entre tu mano y tu lecho
Porque al momento del acercamiento
Ninguno querrá perder

Esos hombros que me provocan morder
Esos brazos que quiero roer
Esa espalda que quiero aruñar
Y ese trasero que no dejo de mirar

¿Y que pasa si involucro mis dientes en tu cabeza?
Te quito la pañoleta y me la pongo donde quieras
Tal vez se sentiría caliente en mi entrepierna
O capaz en mis nalgas es lo que quisieras

Luego te aruño de pies a cabeza,
Y me pierdo en la maleza de tu cabello,
Me restriego en tu espalda para ser
La vaquera y el pañuelo de tu cuello

Te quiero montar,
Sé mi caballo semental
Sé ese mafioso del viejo oeste
Que me quiere secuestrar

Derrochando sensualidad,
Me pones a pensar…
¿Qué dirían los diarios
ante semejante majestuosidad?

Es que acabo con tus brazos lo juro
Y solo pensar lo fuertes que están..
Sería mágico probar su fuerza.
Todo loco y lujurioso como un conjuro

Despacio, despacio, despacio
Dime tú como no enloquezco
Me desespero, por mi madre que muerdo
Rápido, rápido, te lo ruego

Finalmente muy cómodo tú,
Esperas ese regalo oral
Con tus brazos echados hacia atrás,
no te imaginas que vendrá

Y eso fue garganta profunda,
nada más que hablar,
me limpio los labios
y te vuelvo a montar…


PARA ARES ;)

ANDREA GONZÁLEZ

martes, julio 17, 2007

EL MAR DE MIS TRISTEZAS




EL MAR DE MIS TRISTEZAS


Tristemente caminé por la playa a las 10 de la noche, llorando desconsolada y sola, sin saber encontrarle solución a mis problemas, fue terrible verme reflejada en esas olas locas que revientan fuertemente contra el malecón cuando sube la marea, cuando suben mis problemas, cuando pienso en ese mar en el que se está hundiendo el barco de mi vida.

Tantas veces me he enterrado en la arena para sentirme sepultada, para sentirme como muerta, sin embargo he estado tan viva, que al caminarme los cangrejos sobre la cara me he remitido y revivido momentos en los que he sido pisoteada y donde he sentido que han pasado sobre mí. Mis pensamientos están sumergidos en ese mar de olas fuertes, donde esos barcos que navegan de un lado al otro, son las decisiones del amor que no logro decidir, donde cada tiburón que existe refleja uno de mis miedos, donde cada pez que habita sin ser acechado son mis felicidades y donde cada bajo de coral son mis complejos.

Aquella noche que me comparé con el mar me di cuenta que estoy llena de tiburones, de muchos bajos de coral, de barcos navegantes que quieren colisionar, y de muy pocos peces coloridos que no se sienten acechados; si resumo mi vida en el mar, encuentro que soy tan profunda como él pero no tan variada, que soy tan capaz de hacer sentir felicidad a la gente, como de causar dolor.

Eran las 12 de medianoche y ya yo no sabía como había caminado tantos kilómetros sin sentirme fatigada, tenía la fuerza para caminar 800 kilómetros más, pero no tenía fortaleza para afrontar mis problemas. Escalé unas rocas y me tiré de clavado en esa agua tan fría, quise dejar de respirar bajo el agua, a ver si reencarnaba en un ser mas apreciado y valorado por los demás, pero no pude fui muy cobarde para lograrlo.

A todas estas eran la 1 de la madrugada y quise desahogarme gritando: “¡Quiero morir!”. En eso me tiré en la arena, volví a llorar, volví a enterrarme hasta el cuello, me volvieron a pasar los cangrejos, pero esta vez fue diferente, porque esta vez me di cuenta que eso no sirve de nada, tal vez los seres humanos tenemos que tropezar varias veces con la misma piedra para darnos cuenta de nuestro error; pero aunque hasta el sol de hoy sigo deprimida la mayor parte del tiempo, trato de afrontar mi problemas y poner a prueba mis debilidades, me gusta sentirme viva y muerta a la vez, son sentimientos encontrados que tal vez sólo yo entienda, pero vale la pena enterrarse en la arena para desahogar todo el dolor. ¿Por qué la playa? ¿Por qué la arena? Porque ese es el mar de mis tristezas.



Andrea González