jueves, julio 03, 2008

UN AÑO DE SUCESOS, MIL AÑOS DE RECUERDOS


UN AÑO DE SUCESOS, MIL AÑOS DE RECUERDOS


PASADO:

Triste, torpe, desahuciada, desesperada, amargada, con locura, sin sentido… ¡Así me dejaste!

Con ganas de quitarme la vida me quedé cuando me dejaste.
Como un juguete que pasó de moda y te fastidiaba utilizar.
Me borraste la sonrisa de tantos años cultivada por mi mamá y mi papá
Y sin compadecerte de mi amor me dejaste atrás.

Con este verso comienzo esta carta, este dolor intermitente que no he podido sanar a través del tiempo, estás ganas de desgarrarme el alma a punta de cuchillazos y que por desgracia y cobardía no lo he podido llevar a cabo.

Aquel Enero gris me besaste con pasión, con lujuria, con deseo. Cada día que pasaba me sumergía cada vez en tu mirada, me embelezaba con tus palabras y llenaba mi mente de ilusiones con base. Todas esas promesas de ese Enero frío, eran el calor del sereno de mis noches sin estrellas. Todas esas miradas eran el resguardo de mi inseguro corazón; y esos besos y esas pasiones fueron parte primordial de mi experimentación en el placer, cosa que sin duda siempre te supe agradecer.

Llegó Febrero, me dejaste sin más ni menos, con excusas de que la distancia nos afectaba, de que ya no era lo mismo, que todo había cambiado. Recuerdo que ese décimo día del segundo mes del año fue la mayor crisis de mi vida, la locura en pleno, la perturbación a flor de piel, tanto así que me ardían los ojos de tanto llorar, me dolía la garganta de tanto gritar desesperadamente en silencio, y me dolía el alma por la manera en la que destruiste de un mes a otro lo que habíamos construido en tanto tiempo. Tampoco fue la manera de dejarme, con un mensaje de voz en la contestadota de mi celular, tan patético como tu justificación de distanciamiento. Que agonía por la que pasaba al no saber la verdadera razón de tu huida. Porque eso fue lo que hiciste, huir sin darme la cara, sin respetar siquiera la amistad y la confianza q había entre nosotros.

Así llegó Marzo, con llorantinas, con recuerdos, con mucho dolor. Caminaba por la gran solución de nuestra ciudad capital, y ahí te vi. Comencé a observarte desde los pies hasta tu gran cabeza, siempre con los mismos zapatos, el mismo estilo de camisas y ese corte tan peculiar. Mi impresión en realidad fue ver tu adorno principal, objeto por el cual me dejaste, fue tan impresionante que del tiro me desmayé. Tú me viste tirada en el suelo, así me dijeron mis acompañantes, y fuiste incapaz de acercarte para ver si estaba bien, simplemente te alejaste, con tu nuevo amuleto, como quien ve una hoja caer. Al recobrar la conciencia seguí llorando, seguí recordando, seguí sufriendo.

Pasaron los largos meses de Abril, Mayo, Junio, Julio, Agosto, solitariamente, pensando en ti, con ganas de reconquistarte, con ganas de seguir amándote, sin poderte odiar por los daños ocasionados a mi persona. Pero llegó Septiembre y con él vino su tercer día, fecha en la cual menos me podía olvidar de ti. A las doce en punto del nuevo 03/09 te llamé, no reconociste el número puesto que atendiste, me preguntaste quien era y hasta me desconociste la voz. Te felicité por tu cumpleaños con la voz temblorosa: “Feliz cumpleaños, no podía pasar esta fecha por alto, espero que disfrutes mucho, soy yo. Adiós”

Llegó el 14 de octubre y con él tu llamada a las 12 en punto como quien devuelve un favor, hiciste el mismo modus operandum, sólo que tu te extendiste más en la conversa, me di cuenta inmediatamente que querías verme y yo no puse oposición.

Noviembre de aniversarios, noviembre de fríos envolventes, ese 17 se cumplió la profecía. Te vi, te besé, te volví a amar, pero en cuestión de 10 segundos mis sentimientos y mis intenciones cambiaron. Te tenía que odiar, me tenía que vengar. Por primera vez no hicimos el amor, aunque tu estabas entregado en cuerpo y alma al acto, yo me comporté fría, vengativa y dominante, como quien demuestra que se acabaron sus debilidades y que la víctima es el otro. Tú fuiste mi presa, te dejé exhausto, te pedí lo que nunca te exigí en nuestra relación y te dejé deseándome más.

Respeté Diciembre y quise desearte la más linda e irónica Navidad.

Sorpresa, volvió Enero, ese mes gris y triste, recordé con más intensidad que nunca nuestro amor, me lo quedé callada, seguí teniendo relaciones contigo porque era parte de mi estrategia de venganza, desquite que no te haría daño físicamente, pero si en tu punto débil…

Llegó el hermoso Febrero, el mes del amor y de la amistad, y el mismo 10 me desaparecí con un mensaje de voz, me aseguré de pasearme cuantas más veces pudiera por tus entornos con otras personas, pero mi mensaje fue diferente, fue con pelos y señales, con razones, con bases por las cuales te dejaba yo a ti: “Hola pasado, te quise tanto y hoy sólo me da lástima, te amé tanto que no me importaba quedar insatisfecha en la cama con tal de que tu fueras feliz, te amé tanto que te esperé después de todo el daño que me causaste y de todo el tiempo que transcurrió, hoy sólo me resta decirte que espero que me extrañes en la cama, porque hoy en día sé que fue sólo por eso que me buscaste desde el principio y en el reencuentro, te he atacado en tu punto débil, ahora morirás por alguien que te ame y te haga todo lo que sólo una prostituta te haría con su debido pago. Adiós”

Han pasado ya otros febreros y sigues ahí, llamándome, buscándome… Y yo sigo aquí pensando en lo lindo que pudo haber sido lo nuestro, en lo intenso de nuestro amor, en lo tonta que fui al no darme cuenta de las mentiras que soltabas por tu boca, pues me dejaba llevar por tus besos sabor a gloria.

Hoy en día te doy las gracias por mostrarme que el amor es un arma de doble filo, que duele más de lo que se disfruta y que el nudo en la garganta al escribir una carta como esta no se quita nunca. Sello este escrito con lágrimas de recuerdos tristes, pero con una sonrisa de regocijo al saber que por lo menos sufriste la décima parte de lo que yo lo hice, y todo porque nunca me amaste. Te mando un gran beso negro de esos que te enloquecían, adiós Pasado, adiós.


ANDREA GONZÁLEZ.